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Las cuatro primeras pruebas de la temporada parecen plantearse como un mano a mano Citroën-Ford, similar al de los últimos años pero con nuevos protagonistas, pues al C4 le ha sucedido el DS3 y el Fiesta se ha encargado de dar relevo al Focus. Coches más pequeños y con motores de menor cilindrada –1,6 litros en lugar de 2,0– para adecuarse a un reglamento que trata de reducir costes para animar a luchar en la especialidad a más fabricantes. Y la primera victoria ha ido a parar a la escudería Ford, que logró un triplete al final.
En Suecia volvieron a marcar el paso los pilotos escandinavos, especialmente si se habían puesto al volante de un Ford Fiesta. Además, la nieve se convirtió en el peor enemigo de Loeb y Ogier, que eran los encargados de abrir pista y ‘barrer’ literalmente los tramos para que sus rivales se los encontrasen en perfecto estado. Eso queda patente echando un vistazo a la clasificación de los primeros cinco tramos, pues dos Fiesta privados coparon los primeros puestos: tres ‘scratch’ para el local Per-Gunnar Andersson y dos para el noruego Mads Ostberg.
La primera respuesta por parte de los hombres de Citroën llegó de la mano de Sebastien Ogier en el sexto tramo, donde impuso su DS3. Y el primer triunfo de un Fiesta oficial llegaba en el tramo siguiente, con un Jari-Matti Latvala tan rápido como siempre pero también irregular. ¿Y Loeb? Pues al final de ese séptimo tramo era noveno, un severo correctivo para el campeón galo que, pese a todo, no renunciaba a la lucha y lograba el ‘scratch’ en la octava especial, lo que le situaba sexto, a 2 minutos y 38 segundos de Ostberg y también retrasado respecto a su compañero Ogier, que marchaba quinto. Además, la segunda jornada de la prueba sueca se desarrolló también tras una intensa nevada, lo que dificultaba la reacción de los franceses. En el ecuador de la prueba la regularidad de Hirvonen le alzó hasta el primer puesto, logrando el finlandés superar a Ostberg sin necesidad, aún, de ganar ninguna especial. Solberg, el mejor de los pilotos del DS3, era tercero a 31 segundos, mientras que Latvala marchaba cuarto, a 45 segundos; Ogier era quinto, a un minuto y 10 segundos; y Loeb era sexto, a dos minutos y 43 segundos.
Loeb y Ogier se repartieron los cuatro siguientes triunfos parciales –tres especiales para el campeón y uno para su escudero–, pero ni siquiera eso les ayudó a ganar puestos en la clasificación. Ahora bien, mientras que Loeb parecía descartado de cara a la batalla final –el último día no nevó y las pistas estaban muy limpias–, Ogier sí se colaba en la pugna.
Fue entonces cuando Hirvonen apretó el ritmo de verdad, pues tras el triunfo de Solberg en el tramo 16, el finlandés de Ford se anotó la victoria en las especiales 17, 18 y 19, poniendo a Ostberg a 13 segundos, y a Solberg a 30. Ogier lograba superar a Latvala, pero este reaccionó a tiempo y marcó dos tramos –el 20 y el 21– excepcionales, lo que le catapultó a la tercera posición. Sin embargo, Hirvonen no falló y se aseguró la victoria sin arriesgar, al contrario que los oficiales de Citroën, que coparon las dos primeras posiciones en la especial y se aseguraron la puntuación extra. Además, Solberg perdía la cuarta plaza en favor de Ogier, pues el noruego no pudo conducir en esa especial a causa de una multa de tráfico –circulaba a 112 km/h en una vía limitada a 80–, lo que obligó a cambiar los roles en el equipo: se puso al volante su copiloto Chris Patterson, que se divirtió de lo lindo... pero fue lentísimo.








