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‘Cuando llegaba al final de la etapa de Córdoba, las lágrimas empezaron a caer… Esto siempre fue muy importante para mí’. Con la sonrisa siempre en los labios, Nasser Al-Attiyah recordaba ante las cámaras de televisión cómo su padre y él mismo habían seguido el Dakar desde su infancia. En la penúltima etapa de la pasada edición, en los últimos kilómetros, las emociones almacenadas durante muchos años fluyeron libremente. El piloto quatarí había logrado el sueño de su vida, a la vez que por fin había logrado batir a su archirrival en esta prueba y en Volkswagen.
Al día siguiente, ante la meta, y ante esas mismas cámaras, Giniel de Villiers, respondía a las preguntas sobre su segundo puesto: ‘La verdad es que durante la primera semana me resultó imposible seguir el ritmo de Carlos y Nasser, era increíble…’. En ese momento se acercó Carlos Sainz, ‘y mira, hablando de velocidad a tope, quién esta aquí, Mr Velocidad….’, señaló De Villiers a la cámara…
Porque Nasser Al Attiyah y Carlos Sainz, los dominadores del Dakar, habían llevado la prueba a límites en cada etapa quizás desconocidos hasta ahora en esta prueba. Ambos repitieron el mismo duelo del pasado año, con un ritmo incluso superior. La velocidad de ambos había dejado fuera de combate al resto de competidores desde las primeras jornadas, con la excepción de Stephane Peterhansel, quien luego quedaría definitivamente alejado a medida que avanzaba la segunda semana.
Tal era la igualada pugna entre ambos que el primero en sufrir algún problema quedaría descolgado. Fue Carlos Sainz y, efectivamente, así ocurrió ya hasta el final de la prueba. En la etapa de Antofagasta a Copiapo el español todavía era líder de la general, posición que mantenía desde la primera etapa. Tras haber pasado en cabeza por todos los controles de la jornada, llegó el momento culminante de la prueba. Con Sainz en paralelo, Al Attiyah imprimió un ritmo infernal en los últimos kilómetros de dunas, su terreno favorito. Sainz se quedó atrapado en dos ocasiones. En la meta, perdía 6 minutos 36 segundos, y con ello el liderato y también la iniciativa, para no recuperarla más. Peterhansel ya había quedado descolgado por los pinchazos y rematado por un motor sobrecalentado que le costó una hora adicional.
Al día siguiente, en el bucle de Copiapo, Sainz y Cruz recortaron 1’56’’, con un final de etapa más propio de un circuito, ‘picados’ ambos hasta límites increíbles en los últimos metros de la jornada. Fue un espejismo. Porque el español se deslizaba ya por una pendiente irrecuperable. Con la presión de tener que arriesgar más de la cuenta en las dunas de Fiambalá llegó otro golpe. Atrapado en una duna a solo 13 kilómetros de la salida, con un pinchazo, pérdidas de rumbo y la caja de cambios tocada, Sainz perdió diez minutos más.
Ya siempre a contrapié, presionando al qatarí a la desesperada, arriesgando en su pilotaje a la estela de su compañero de equipo, Sainz clavó la rueda delantera derecha en un agujero en el kilómetro 412 desde Chilecito a San Juan. Sólo tras una hora de reparaciones y la ayuda de Mark Miller pudo terminar la etapa. Y milagrosamente, también salvar el podio. Al Attiyah finalmente logró la revancha del año anterior, cuando Sainz le había batido por sólo 2 minutos 16 segundos, la menor diferencia de la historia de la prueba.
Volkswagen logró un triplete implacable y el Touareg se mostró como una auténtico Fórmula 1 del desierto. Menos una, ganó todas las etapas. Su extraordinaria fiabilidad y su mayor velocidad mejoró la de pasadas ediciones, contrastando con las debilidades del potentísimo X3 de Peterhansel. ‘En la última semana sufrimos problemas mecánicos, humanos y de pilotaje’, se lamentaba el francés al término de la prueba. ‘Tampoco dimos con la puesta a punto adecuada’, explicaba, aludiendo a la gran cantidad de pinchazos sufridos por el X3, fruto de una excesiva presión de neumáticos para el reglaje de suspensiones del vehículo alemán.
En la categoría de coches, y al margen de Carlos Sainz, Nani Roma tuvo que despedirse con problemas mecánicos en las dunas de Fiambalá, tras un Dakar limitado de medios, pero con un equipo con el que podría afrontar nuevos proyectos en el futuro. Xavi Foj y Pablo Jatón lograron una magnífica decimonovena posición, su segundo mejor resultado ‘dakariano’. En la categoría de camiones, Pep Vila y Moi Torrallardona terminaron sextos, la mejor clasificación de un equipo español en la categoría de camiones
407 equipos salieron de Buenos Aires y llegaron casi la mitad. Y entre los que volverán en 2012, queda en el aire la duda de Volkswagen. Y, de confirmarse ésta, también la de Carlos Sainz. El español ganó siete etapas, y ha sumado 24 parciales ‘dakarianos’, superando el récord de Stephane Peterhansel. Si éste hubiera sido el último Dakar de Carlos Sainz, el resumen quedará entonces como la mayoría de las participaciones de su dilatada trayectoria: luchando por la victoria hasta el final.








