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El utópico deber ser, contra la realidad. La imagen, frente a los hechos. El Gran Premio de Alemania fue el claro ejemplo de que la Fórmula 1 no es un baile de salón para damas y caballeros, sino un deporte brutalmente competitivo. O se exprimen todos los recursos al alcance, o pretender competir con una flor en el ojal resulta ridículo. Fue lo que hizo Ferrari el domingo.
¿Hubo órdenes de equipo? Por supuesto. ¿Se puede demostrar legalmente que fuera así? Este es otro cantar. La realidad es que Ferrari tenía en la clasificación general a su mejor piloto, Fernando Alonso, a 48 puntos. Durante todo el fin de semana, el piloto español fue infinitamente superior a Felipe Massa. La única opción para poder seguir aspirando al título es la de Alonso, porque nadie en su sano juicio consideraría a Massa con aspiraciones al título. Ferrari sufre una enorme presión en estos momentos, sobre todo tras las dos carreras de Valencia y Silverstone. ¿Qué resulta entonces más trascendental para la Scudería? ¿Un “fair play que defendiera las opciones a la victoria en una carrera para Massa? ¿O la única opción al título que tiene una organización como Ferrari? La respuesta es obvia.
Durante los entrenamientos Alonso fue más rápido que Massa en todas las sesiones con excepción de la primera, bajo condiciones cambiantes de lluvia. Le superó en todas los bloques de los clasificatorios, con cuatro décimas de diferencia. Fue adelantado en la salida por el cerrojazo de Vettel. Fue más rápido que Massa en la carrera… Posiblemente Massa hubiera tenido derecho a defender su mejor salida en las primeras carreras de la temporada. Si Ferrari hubiera dejado que ambos pilotos lucharan por la primera posición, cuerpo a cuerpo, puede que ninguno de los dos hubiera terminado la carrera. Si Massa hubiera ganado, todo el mundo hubiera aplaudido el “fair play” de Ferrari. Pero el único candidato al título de la Scudería hubiera perdido unos puntos preciosos la jornada en la que podía recortar diferencias con todos sus rivales. Y si el título se hubiera escapado a final de año por una diferencia inferior a siete puntos, ¿Qué se hubiera dicho de la política deportiva de Domenicali? Schumacher, Ferrari y Jean Todt no ganaron cinco títulos con la flor en el ojal.
El problema de la reglamentación respecto a las órdenes de equipo es que, sencillamente, no se pueden perseguir fácilmente. La línea entre lo que se entiende por órdenes de equipo es muy difusa. Y más todavía, el concepto de cómo se llevan a cabo, y si las instrucciones de un equipo a sus pilotos pueden entenderse como tales. Queda muy deportivo y moralmente ético de cara a la opinión pública penalizarlas pero, como se ha podido comprobar en innumerables ocasiones, resulta muy difícil demostrar que han existido.
En este sentido, la actuación del ingeniero de Felipe Massa, Rob Smedley fue, digámoslo así, poco profesional. Cuidó el ego y la imagen de su piloto, pero dañó innecesariamente la de su equipo. Porque lo que le ordenaron que hiciera, tenía que llevarlo a cabo de una manera u otra. Fue un ridículo gesto hacia la galería que puso en peligro el fin de semana de Ferrari. Y quien pensara que a Fernando Alonso le regalaron la victoria, debería coger la tabla de tiempos durante todo el fin de semana. Ferrari, en definitiva, evitó que sus pilotos hicieran la misma estupidez que Webber y Vettel en Alemania. Y mantienen vivas las opciones de Alonso. Ahora, que le hablen de “fair play” a Luca Cordero de Montezemolo. “¿Ordenes de equipo? no me hagas reír…




