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Los coches del tamaño del Mégane y el Focus siguen siendo los más vendidos en España. En esta categoría, el Renault ha sido el rey en los dos últimos años, mientras que el Ford lo fue en los tres anteriores. Ahora llega la tercera generación del Focus con la intención de recuperar el trono más deseado y no le faltan argumentos: una imagen fresca, un comportamiento impecable, más equipamiento tecnológico, una cuidada presentación y un precio muy atractivo. Este primer duelo entre las versiones diésel más potentes da una idea de hacia dónde puede caer la balanza.
En 2009 y 2010 el Mégane fue el compacto más vendido; en 2006, 2007 y 2008 lo fue el Focus. Durante el año pasado, el modelo de Ford cayó a la séptima posición de esta categoría superado en ventas por los Citroën C4, Volkswagen Golf, Seat León, Opel Astra y Peugeot 308. Pero para la marca del óvalo ha llegado el momento de la reacción, ya que a finales de marzo se iniciará la comercialización del nuevo Focus –ya se admiten pedidos–, un modelo que reúne todos los ingredientes necesarios para ser, de nuevo, el líder.

Para empezar, un coche que se precie debe entrar por los ojos y el nuevo Focus saca a relucir su magnetismo cuando se le ve ‘en vivo’. Frente a su predecesor es algo más corto, más bajito y presenta unos rasgos más deportivos, con un diseño que transmite solidez. Comparado con el Renault Mégane es 6 cm más largo, casi 2 más ancho y 1 más alto, con una distancia entre ejes prácticamente idéntica y un ancho de vías casi calcado –ver las medidas exactas en la página 24–.


En el habitáculo ambos ofrecen unas confortables plazas delanteras, mientras que en la parte posterior la anchura disponible para los pasajeros y el hueco para las piernas es similar en los dos –están en la media de su clase–, con algún centímetro extra del Focus en altura al techo. La plaza central trasera es menos cómoda en los dos modelos, por la forma de la banqueta y el respaldo en esa zona. En cambio, Renault saca más partido al maletero del Mégane, que con 405 litros es de los mejores de la categoría. Son 42 litros más que los 363 del Focus, también bastante aprovechables. En los dos casos, dicho volumen de carga se logra prescindiendo de la rueda de repuesto, ya que de serie llevan un kit reparapinchazos –del que somos poco defensores–.


Aires » de familia
Encontrarse a gusto frente al volante del Focus es sencillo. Asimismo, se nota el progreso en calidad, destacando la selección de revestimientos acolchados en un interior bien acabado y que hace gala de una elaborada presentación, con muchas similitudes hacia la nueva familia C-Max. El Focus se coloca a la vanguardia de su clase, aunque nos habría gustado más un freno de estacionamiento eléctrico –opcional en el Mégane– frente a la aparatosa palanca que trae, y algunos mandos más integrados en el volante y no ubicados en ‘satélites’ complementarios.

El puesto de conducción del Mégane también convence plenamente, con unos asientos magníficos en esta versión GT, aunque su velocímetro analógico de fondo oscuro no se lee de día todo lo bien que sería deseable, y sí de noche. Con una calidad de acabado satisfactoria, en el Renault hay detalles de acabado menos cuidados que en el Ford, aunque éste, por ejemplo, tampoco llega a la ‘perfección’ que encontramos en un VW Golf.

Al arrancar el Focus se notan las mejoras realizadas en el diésel 2.0 TDCi y en la insonorización, ya que el nuevo compacto de Ford es un coche especialmente silencioso. Renault no se queda atrás con su 2.0 dCi, un propulsor muy enérgico pero también brillante por suavidad y agrado de funcionamiento. Sobre el papel son 163 CV del Focus frente a 160 CV del Mégane, y un par máximo de 34,7 mkg frente a 38,8 mkg, respectivamente. El Focus es a priori casi 40 kilos más ligero, pero al contar nuestra unidad de pruebas con todos los extras posibles, la diferencia en la báscula es insignificante.
Llega el momento del análisis de las prestaciones medidas por nuestro ‘correvit’ y el primer dato, el de la aceleración desde parado, indica que el Focus es tres décimas más rápido en el paso de 0 a 100 km/h –8,5 s frente a 8,8–; pero al alcanzar los 400 metros recorridos ambos ya están igualados –16,4 s–, y al cumplir el primer kilómetro sobre el asfalto es el Mégane el que aventaja en tres décimas a su rival –30,0 frente 30,3 s–.

Ambos turbodiésel son muy rápidos, pero el Focus acusa unos desarrollos del cambio algo más largos, circunstancia que queda patente en los datos de recuperación. El Focus TDCi 163 CV pasa de 80 a 120 km/h en 4ª en 6,9 segundos, una prueba de que adelanta con enorme facilidad a otros vehículos. Pero con unos desarrollos mejor escalonados, el Mégane dCi 160 corre que se las pela, ya que realiza la misma maniobra en sólo 6 segundos, que se convierten en 7,2 cuando circula en 5ª y en 9,4 si va en 6ª; frente a los 8,8 en 5ª y 11,3 en 6ª del Focus.

En este segmento, el francés ha dejado claro que es el más veloz entre los turbodiésel de este nivel de potencia que han pasado por nuestro laboratorio, sobre todo cuando se analiza la capacidad de ‘reprís’. También logra un consumo bastante contenido, pues los 6,4 litros de media obtenidos suponen un gasto bastante ajustado para su nivel de prestaciones. Todavía más ahorrador es el Focus, que se ha conformado con una media de 6,1 litros, sacando en este aspecto provecho a unas relaciones finales de cambio más abiertas que ayudan al motor a girar algo más desahogado. Además, es menos sensible al uso cuando el piloto busca un ritmo de conducción muy vivo.
En dichas circunstancias el Mégane dCi GT se beneficia de una suspensión específica puesta a punto por Renault Sport, con muelles y amortiguadores más firmes que reducen al máximo el balanceo de la carrocería. El paso por curva es sensacional, pero se pierde confort frente a un Mégane más ‘normal’, debido en parte igualmente a los neumáticos 225/40 sobre llanta de 18’’ que monta de serie.


Fiel » a su fama
Y para seguir cualquier ritmo de marcha frenético por carreteras de montaña está el nuevo Focus, en el que Ford vuelve a presentar un chasis muy trabajado, lo que ayuda a que sea un coche que se disfrute mucho al volante, con un comportamiento muy seguro. Sus reacciones son muy nobles en todo momento y su tren delantero tiene un límite muy alto incluso en zonas deslizantes, gracias a su sistema electrónico de control de reparto de par –Torque Vectoring Control–, que actúa a modo de autoblocante para proporcionar una extraordinaria eficacia en las curvas más cerradas y de radio medio. A ello también contribuye una nueva y magnífica dirección, que emplea el sistema de asistencia eléctrica EPAS y huye de ese tacto algo artificial que se percibe a veces en el Mégane. Y como remate unos frenos que responden con unas distancias de parada muy buenas, por debajo de la media de la categoría y muy cerca de las que logra el Mégane, siempre brillante en este aspecto y dotado de unos neumáticos más anchos. Nuestra unidad del Focus, con llanta de 17’’ y neumáticos de perfil 50, no destaca en la capacidad de absorción de los baches, un detalle que redunda algo en el confort de los pasajeros.


En este duelo tenemos frente a frente el acabado GT del Mégane y el Titanium del Focus. Ambos ofrecen de serie climatizador bizona automático, radio-CD con mp3, ordenador de viaje, control de crucero, volante de cuero, faros antiniebla, arranque sin llave, bluetooth, conexión USB, sensor de lluvia, luces automáticas, control electrónico de estabilidad ESP, ocho airbags... El Mégane incorpora, además, un kit aerodinámico exterior de connotaciones deportivas que le sienta de maravilla; y la marca del rombo aplica en estos momentos un descuento de 2.700 euros a este modelo, lo que deja su precio en 24.185 euros.
Pero el Focus es casi 500 euros más barato y su equipamiento de serie añade retrovisor interior fotosensible, sensor de presión de neumáticos, el sistema de arranque en pendiente o los sensores de aparcamiento traseros, entre otros detalles. Pero, además, durante la fase de lanzamiento Ford va a regalar a sus clientes un ‘paquete’ valorado en otros 700 euros que supone contar también con las mencionadas llantas de 17’’ –de serie serían de 16’’–, cristales privacidad, retrovisores plegables y un asistente de aparcamiento activo.


De esta forma el nuevo Focus da un golpe sobre la mesa en la relación precio-equipamiento, y deja entrever que va a ser un coche tremendamente competitivo en este apartado, colocando el listón muy alto para sus rivales.
Aunque el Mégane se aferra en este caso a unas prestaciones algo mejores, es evidente que el Focus ataca con solvencia en muchos frentes y apunta con toda la intención del mundo hacia el trono que todavía ostenta el francés.








